/Lección 9: Comprendiendo al Espíritu Santo


Lección 9: Comprendiendo al Espíritu Santo

Adaptado de “Doctrinas Básicas de la Biblia” de Lucien E. Coleman

En nuestro tiempo estamos siendo testigos de una renova­ción del interés en el Espíritu Santo. Curaciones milagrosas, hablar en lenguas y otras actividades generalmente asociadas con la obra del Espíritu Santo que estuvieron confinadas en un tiempo a seguidores de predicadores populares y a pequeños grupos religiosos, ahora parecen tocar a gentes de toda denomi­nación importante, incluyendo la iglesia Católica Romana, las que afirman tener esas experiencias.

Sin embargo, todavía existe mucha confusión sobre la per­sona y obra del Espíritu Santo. Nunca antes ha habido una mayor necesidad de estudiar lo que las Escrituras tienen que decir sobre el Espíritu.

En este estudio del Espíritu Santo, consideremos prime­ro quién es el Espíritu Santo. Luego examinaremos las enseñan­zas bíblicas relativas a la obra del Espíritu Santo. Finalmen­te trataremos un tema que está provocando mucho interés en la actualidad: “Ser lleno del Espíritu Santo”. Quién es el Espíritu Santo? Algunas personas hacen la pregunta de manera distinta: “¿Qué es el Espíritu Santo co­mo si el Espíritu fuere alguna cosa material, algo así como un gas poderoso. Una pregunta así revela una interpretación básicamente errónea del Espíritu. El Espíritu Santo no es una cosa, ni un objeto, ni un “algo”.

¿Quién es el Espíritu Santo? El doctor Frank Stagg es­cribió: “El Espíritu Santo es Dios en su proximidad y poder, en todas partes y todo momento; la misma esencia divina en­carnada de Cristo ahora presente con su pueblo. No es un ter­cer Dios ni un tercio de Dios… El Espíritu Santo no es el lado espiritual de Dios. No es más espiritual que el Padre o el Hijo. Dios es Espíritu (Jn. 4:24)…El Espíritu Santo no es una posesión especial de súper cristianos. Es la presencia de Dios en y con todo su pueblo”.

La obra del Espíritu Santo. La Biblia enfatiza varias funciones del Espíritu Santo. Estas incluyen su obra como crea­dor, maestro y guía, capacitador, consolador y abogado, juez y dador de nueva vida.

1. EL ESPÍRITU SANTO COMO CREADOR.

La Biblia comienza con un cuadro de materia oscura y sin forma, que llenaba un vasto vacío en el espacio. Entonces co­menzó a ocurrir algo. “Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gn. 1:2). Aquellos que piensan que el Espíritu Santo vino a este mundo por primera vez en Pentecos­tés ni siquiera han estudiado cuidadosamente el Antiguo Testa­mento. Estaba allí desde el mismo comienzo. Fue a través de su poder que el mundo fue creado.

Pero el poder creador del Espíritu no terminó cuando la tierra estuvo completamente formada. A lo largo de todas las edades, ha continuado su trabajo de creación. “El Espí­ritu de Dios me hizo”, dice Job “y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). Recuerde también que fue por el Espíritu que Jesús fue concebido en el seno de María (Mt.l:13).

Así como el Espíritu Santo estaba activo en la creación física del mundo, así también juega un papel importante en la “nueva creación”. Pablo escribió a los cristianos de Corinto: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17). Esta es la obra del Espíritu Santo, la misma obra creadora que Juan mencionaba cuando dijo: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5. Notar también los vv. 5 y 8).

2. EL ESPÍRITU SANTO COMO MAESTRO Y GUÍA.

A lo largo de la Biblia, el Espíritu Santo se presenta como el maestro de la sabiduría divina. En Nehernías 9:20, tene­mos una referencia a los movimientos de los hijos de Israel en el desierto: “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles y no retiraste tu maná de su boca. 11 Y en la profecía de Isaías re­lativa a la venida de un rey mesiánico, tenemos estas palabras: “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabidu­ría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espí­ritu de conocimiento y de temor de Jehová” (Is. 11:2).

Jesús sabía que sus discípulos serían como “ovejas que no tienen pastor” después de su muerte. ¿Adónde irían? ¿A quién se volverían? Por esa razón Cristo dijo a sus seguidores que el Espíritu sería su maestro después que él partiera: “Has el Consolador, el Espíritu Santo a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará to­do lo que yo os he dicho” (Jn. 14:26). (Ver también Jn. 15:26; 16:13). En tiempos de persecución, el Espíritu estaría allí para inspirar a los discípulos qué decir bajo la presión de sus acusadores (véase Le. 12:12; comparar con Hechos 4:7,8).

Después de la ascensión de Cristo al cielo, el Espíritu Santo guió activamente la obra de la primitiva iglesia, dirigiéndolos en las misiones y el evangelismo. El primer viaje misionero comenzó después que el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo, para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2). Pablo atribuyó su conocimiento del evangelio a la guía del Espíritu. “Pero Dios”, escribió, “nos lo reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escu­driña, aun lo profundo de Dios” (1 Co. 2:10). (Ver también Ef. 3:5). En cada una de las cartas a las siete iglesias, al co­mienzo del libro de Apocalipsis, encontrarnos las palabras rela­tivas a la inspiración del Espíritu: “El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 2:7, 11, 17,29; 3:6; 13,22.)

Podemos ver por estos pasajes bíblicos que el Espíritu Santo era el verdadero director de la obra de las iglesias des­pués de la ascensión de Cristo. El Espíritu les enseñó sabiduría divina, les guió en sus decisiones, los reprendió cuando se equivocaron, los condujo en su trabajo. No es de sorprender, entonces, que alguien haya llamado al libro de los Hechos, el libro “de los Hechos del Espíritu Santo”.

Lo que impresiona en esto es que el Espíritu continúa su obra como maestro y guía hoy día. Se sienta con nosotros en el escritorio del estudio, está junto con nosotros en el pulpito, ilumina nuestra reunión de estudio bíblico y nos guía al testificar.

3. EL ESPÍRITU SANTO PREPARA A LOS CRISTIANOS PARA EL SERVICIO.

Lea 1 Corintios 12:4-11. Este pasaje hace bien claro que el Espíritu Santo es la fuente de todas las capacidades especiales que los cristianos necesitan para servir a su Señor. El Espíritu no sólo equipa a los cristianos para el ser vicio, sino que también les da el poder para cumplir sus tareas. Probablemente, el pasaje más conocido de la Biblia rela­tivo a la forma en que el Espíritu nos capacita para la obra de Cristo es Hechos 1:8; “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos”.

4. EL ESPÍRITU SANTO COMO CONSOLADOR Y ABOGADO.

Jesús hizo una maravillosa promesa en Juan 14:16,17: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad’.” La palabra que nuestras Biblias traducen por “Consolador” es la palabra griega parákletos. “Consolador” no capta total­mente el sentido de esa palabra, porque parákletos se refiere a alguien que va a la corte en lugar de otro. Era el “abogado que defendía el caso de su amigo. Era también un consolador que aconsejaba a sus amigos. Era aún más, el testigo que po­día dar testimonio en favor del amigo. Podemos decir que el Consolador de quien Jesús habló es como un abogado defensor, un consejero, un amigo íntimo y un testigo, todo en una per­sona. Esto nos da una idea general del papel que Jesús dijo que el Espíritu Santo habría de jugar en las vidas de sus discípulos. Como consejero, el Espíritu enseñaría lo que necesita­ban conocer (Juan 14:26). Como Consolador proveería fuerza y va1o r (Juan 14:18).

5. EL ESPÍRITU SANTO COMO JUEZ.

Muchos de los pasajes bíblicos ya estudiados en esta lección nos ayudan a entender el Espíritu como ayudador amigo consolador y guía. Pero hay otro aspecto de la obra del Es­píritu, que es de suma importancia. El Espíritu trae juicio al mundo: “Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn. 16:8). Este aspecto de la obra del Espíritu Santo aparece en el caso de Ananías y Safira (Hechos 5:3,4). Vendieron una pro­piedad y se guardaron parte del dinero para sí mismo, pero pretendieron que habían dado el monto total a la iglesia (cuyos miembros probablemente compartían todo en común). No era malo guardarse parte del dinero, pero mentir al respecto era algo diferente. En realidad, no estaban mintiéndoles a los apóstoles. Estaban mintiendo al Espíritu Santo (Hechos 5:3) El juicio por su pecado fue realmente duro (vv. 5-11).

6. EL PODER SALVADOR DEL ESPÍRITU.

El Espíritu Santo ocupa una parte vital de nuestra sal­vación. Convence a los hombres de pecado, pero también es la fuente de la nueva vida que recibimos en Cristo. Jesús habló de ser “nacido del Espíritu” y dijo que sin ese nacimiento espiritual nadie puede entrar al reino

de Dios (Jn.3:5,6). Más tarde dijo: “El Espíritu es el que da vida” (Jn.6:63). Jesús se refirió al poder dador de vida del Espíritu en una extraña declaración que se registra en 1 Juan 7:37-39. Aquí Cristo es taba enseñando sobre la nueva vida que surge y fluye de la vida interior del creyente (Compárese con Juan 4:14). Enton­ces Juan explica: “Esto dijo del Espíritu” o “respecto del Espíritu” (VM) .

En una lección previa, hemos estudiado la santificación como un aspecto importante de la salvación. La santificación es el proceso por el cual la vida de los cristianos es apartada para el servicio de Dios y hecha apta para ese servicio. Esto también es obra del Espíritu Santo (Ro. 15:16: 1 Co. 3:lí 6:11 y Gá. 3:2,3).

LLENOS DEL ESPÍRITU. Hay varias referencias en el Muevo Testamento al bautismo del Espíritu Santo (Heh 1:8; Mt. 3:115 Hch.l:5; 11:16) y el ser llenos del Espíritu Santo (Le.1:15, 57; Hch. 6:5; 11:24 y Ef. 5:18).

Lamentablemente, algunos han usado estas referencias al bautismo del Espíritu y a ser llenos del Espíritu para crear una categoría de “súper cristianos”. Hablan de tales experiencias como de una “segunda bendición”. Sin duda, algunas per­sonas han tenido profundas y significativas experiencias en el Espíritu muchos años después de la conversión. El Huevo Testamento mismo no parece garantizar la interpretación que a veces se hace de tales experiencias. Leamos las referencias bíblicas anotadas para apren­der qué dice el NT sobre el tema y demos a estas enseñanzas su valor real. Las siguientes conclusiones parecen ser algunas de las interpretaciones adecuadas de la evidencia bíblica:

1) El ser llenos del Espíritu no es una “segunda bendi­ción ” ni un don especial para unos pocos privilegiados. Es co­mún a todos los cristianos desde el momento de su conversión. Aquellos que no concuerdan con esa declaración señalan casos como en Hechos cuando hubo una dramática aparición del Espí­ritu (Hechos 6:17 y 10:44). Pero estos eran casos especiales, que tenían el propósito de mostrar a los cristianos que la promesa de Jesús había sido cumplida plenamente. No habían tenido evidencias de la obra del Espíritu por casi dos mil años, tal como se registra en el NT únicamente, para confir­mar su presencia en medio de ellos. Necesitaban esas señales dramáticas de su presencia.

2) El Espíritu Santo es Dios. Si Dios mora en un cre­yente, también lo hace el Espíritu Santo, porque son la misma persona. Si Cristo mora en el creyente, lo mismo hace el Espí­ritu, porque los dos son uno. ¿Cómo podemos saber que el Espíritu mora en una persona? No crea lo que le digan que “hablar en lenguas” o alguna otra manifestación ¿Es la única evidencia de que el Espíritu vive dentro de uno. Pablo da una lista de evidencias en Gá. 5:22,23; los llama “el fruto del Espíritu”. ¿Quiere saber cómo es una persona llena del Espíritu? Aquí está la respuesta de Pablo. La persona debe ser amable, gozosa, pacífica, benigna, bondadosa, con fe, mansa, templada. Como Pablo escribió en gálatas 5:25″. “Si vivimos per el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” En otras palabras: “¡Que se vea su fruto!”