/¿Qué tienes para dar? Hechos 3:1-10


¿Qué tienes para dar? Hechos 3:1-10

¿QUÉ TIENES PARA DAR?      Hechos 3:1-10;

Pastor Jhonny Quinde Ávila.                                 03 de mayo del 2015

INTRODUCCIÓN. Una de las cosas que más me impacto en los primeros días de haberle entregado mi corazón a Jesucristo, fue comprobar el poder del evangelio. Una enfermedad que  los médicos no encontraban la solución, y pasé por las manos de algunos de ellos invirtiendo mucho dinero en un tiempo en que mi trabajo artesanal  de Radio técnico era  bueno. Me llevó a acudir a las ciencias ocultas por consejos de familiares y amigos y siendo muy joven  donde encontré respuesta y sanidad. “El diablo hace bien su trabajo”.

 Esta experiencia despertó mi curiosidad, comencé a leer literatura diabólica descubriendo que el poder del mal era muy real.  Como resultado de esto empecé a tener  pesadillas de persecuciones de Satanás. Al preguntar al que llegó a ser mi pastor me dijo claramente que se debía a que estaba leyendo esta clase de libros, cosas que no podía saber porque recién me  estaba conociendo. Él dijo algo que llamo mi atención y que nunca lo podre olvidar, algo que acepte y creí, él dijo: “hay poder en el nombre de Jesús” el Evangelio es un evangelio de poder.

Cuando decidí entregarle a Cristo mi corazón,  tuve un ataque diabólico tan real como que estoy viéndoles  a ustedes en este momento,  pero también descubrí aun sin haber aceptado a Jesús que el diablo huye cuando creemos plenamente en Dios.   Pocos días después de haber aceptado  a Jesús veía  en mis sueños como yo ahora en el nombre de Jesús tenia poder para hacer huir al diablo, situaciones que en algún momento del  servicio a Dios se dieron realmente  cuando tuvimos que tratar con  cosas de las tinieblas.

El evangelio es  de poder,  en nuestra Iglesia   voy a mencionarlo para que todos le demos la gloria a Dios. Tenemos dos casos visibles del poder del   evangelio. El caso de la Hermana Margarita Jerez sanada de un cáncer en su garganta, el caso de la Hermana Estefanía Parrales, sanada de cáncer de leucemia de los cuales ustedes son testigos.

Hoy el evangelio se ha vuelto para muchos solo una filosofía como cualquier otra, una religión donde hay que  aceptar ciertas enseñanzas  y tratar  de poner en práctica.  El evangelio es de Poder,  Jesús respalda su evangelio plenamente dejando ver su gloria en la vida de la iglesia y  de creyentes  que tiene tres característica que encontramos en el  pasaje  de la Biblia que acabamos  de leer, hechos 3:1-10;

I   LOS APÓSTOLES ERAN CREYENTES DE  CONVICCIÓN.

PEDRO Y JUAN subían juntos al templo….   Permítanme hablar un poco de estos dos apóstoles y del hombre cojo. 

Pedro (gr., Petros, roca). El más prominente de los 12 apóstoles en los Evangelios y destacado líder de los primeros años de la iglesia cristiana. Su nombre original era Simón. Era oriundo de Betsaida, hijo de un tal Jonás. El y su hermano Andrés se dedicaban a la dura ocupación de pescadores en el mar de Galilea, y eran compañeros de Juan y Jacobo, los hijos de Zebedeo. Era casado. Al comenzar el ministerio de Cristo en Galilea, Pedro y Andrés, junto con Jacobo y Juan, fueron llamados por Jesús para estar con él en forma permanente y aprender a ser pescadores de hombres.

Pedro era uno de los discípulos más cercano a Jesús junto a Jacobo y Juan ellos tuvieron el privilegio de ser testigos de la Transfiguración y la agonía en el huerto.   Pedro era el vocero natural de los 12.    En el huerto de Getsemaní, cuando fue elegido junto con Jacobo y Juan para velar con Cristo, se quedó dormido. En celo carnal quiso defender a Jesús, y el Señor lo reprendió por hacerlo. Huyó con los otros discípulos cuando Jesús fue apresado; pero, ansioso por conocer el final, lo siguió desde lejos, fue admitido (por intermedio de Juan) en el patio del sumo sacerdote y allí, vergonzosamente, negó a su Señor tres veces. En la mañana de la resurrección, él y Juan corrieron hacia la tumba de Jesús para comprobar lo que había dicho María Magdalena.

El tercer período en la vida de Pedro comenzó con la ascensión de Jesús. En la primera época de la iglesia (Hechos 1—12), Pedro aparecía como el vocero del grupo apostólico. Lleno del Espíritu Santo, predicó el sermón de Pentecostés ante los judíos reunidos y, junto con Juan, sanó al hombre paralítico, el primer milagro apostólico que provocó persecución del cual vamos a hablar hoy.

 JUAN, EL APÓSTOL. El hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Santiago (o Jacobo). Su madre era Salomé (Mateo 27:56 y Marcos 15:40),  que  era la  hermana de María, madre de Jesús. Por lo tanto, Jesús y Juan deben  haber sido primos. Vivía en Galilea, probablemente en Betsaida. Junto a su  padre y su hermano  se dedicaban a la pesca en el mar de Galilea (Marcos 1:19, 20).

Al principio se menciona a Juan como uno de los discípulos de Juan el Bautista, pero después se convirtió en uno de los discípulos de Jesús.  Jesús lo llamó para que fuera un pescador de hombres. Más tarde fue escogido para el apostolado. A Juan y a Jacobo Jesús les dio el sobrenombre de Boanerges; es decir, hijos del trueno, obviamente a causa de su temperamento impetuoso.

Juan fue uno de los tres apóstoles que estuvieron más cerca de Jesús.  Fue Juan el que le dijo a Jesús que habían visto a alguien echando fuera demonios en su nombre y que ellos se lo habían prohibido porque no era de su grupo. Ambos hermanos, Jacobo y Juan, dieron evidencia de su temperamento impetuoso cuando no se les permitió pasar por una aldea de Samaria en su paso a Jerusalén (Lucas 9:54).

El y Pedro fueron enviados por Jesús para que hicieran los preparativos para la Pascua, durante la cena pascual Juan se recostó en el pecho de Jesús y le preguntó quién era el que lo había traicionado.  El estuvo cerca de la cruz sobre la cual fue crucificado Jesús y ahí recibió el encargo de Jesús de que cuidara de su madre (Juan 19:26).    En la madrugada de la resurrección, cuando María Magdalena les informó que la tumba estaba vacía, Juan y Pedro fueron hasta el lugar para cerciorarse de lo que había sucedido (Juan 20:2, 3).  Juan con  Pedro sanaron al hombre que había nacido cojo.  Hechos 3.

Estos dos hombres después de que Cristo fue crucificado  volvieron a sus tareas anteriores porque pensaron que todo se había acabado, Jesús estaba muerto y sepultado, se acabo. Pero luego de la resurrección, luego que lo vieron vivo, sus vidas fueron totalmente trasformada,  ahora entendieron   el ministerio de  Jesús,  convencidos de estas verdades ellos comenzaron  a predicar respaldado por el poder del Señor. Ellos creían que el evangelio  es un evangelio de poder, que cambia, trasforma, sana,  restaura vidas, y que sana, eran creyentes de convicción.  Un evangelio que no hace estas cosas  entre ellos el milagro más grande  el nuevo nacimiento producto de un sincero arrepentimiento, que lleva  al creyente a   alejarse del pecado y  a vivir  en santidad no  es el evangelio de Cristo.

EL HOMBRE COJO.    Consideremos un poco la situación real del hombre al cual fue realizado el milagro. Era cojo de nacimiento, pedía limosna cada  día en esta puerta del templo.  Estaba acostumbrado a su situación,    seguramente ese día no esperaba recibir algo especial. Este hombre no tenía fe, es decir el milagro no se debió a la fe del cojo sino  a la fe de los apóstoles. En el ministerio de Jesús vemos  que los Milagros venían a consecuencia de la fe de las personas. Ejemplos. (La mujer con el flujo de sangre, la hija de Jairo, La mujer siro fenicia etc.)

II LOS APÓSTOLES ERAN CREYENTES  DE ORACIÓN.  

Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena,  LA DE LA ORACIÓN. 2  Y era traído un hombre cojo de nacimiento,  a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa,  para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3  Este,  cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo,  les rogaba que le diesen limosna. Hechos 3.1-3;

 Los cristianos tempranamente se habían disciplinado en la noble tarea de la oración, habían establecido un horario para ello, un día al ir  al templo Pedro y Juan se encontraron con un cojo en su lugar habitual de mendigar  en la puerta del templo que se llama la Hermosa.  Era un lugar apropiado para aquello, porque en su camino a la adoración sería menos probable que la gente lo ignorara.

Después de leer (2:44-47) sobre cómo los cristianos vendían sus posesiones para apoyar a cualquiera de entre ellos que tuviera necesidad, las expectativas del lector también se aumentan. Pero en vez de ilustrar cómo eran de generosos los cristianos con el dinero, aquí Lucas nos muestra la razón por la cual los bienes materiales eran considerados tan superficialmente. Los cristianos tenían algo aun mejor que compartir. Lo que Pedro y Juan tenían dieron,   era la plenitud que llega por medio de la fe en el nombre (o autoridad) de Jesucristo.

Este milagro se realizó en el Templo de Jerusalén al inicio de la iglesia primitiva cuando iban a la hora de la oración. Fue un milagro que llamó la atención de toda la ciudad.    Este milagro y mucho otros se realizaron  como resultado de creyentes, entregados a la oración y de una iglesia que  oraba. Los apóstoles eran hombres de oración.   Esta es la razón por la cual encontramos en hechos 6 que ellos pidieron se  elija a  siete hombres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de   sabiduría para atender a las necesidades que se estaban presentando en la naciente iglesia.  Ellos estaban entregados a la oración y a la predicación  del evangelio.

 Con mucha tristeza  tenemos que decir que los cultos de oración en nuestras iglesias son los menos concurridos.  Entonces nos preguntamos ¡cómo vamos a ver el mover de  Dios!, si  no estamos dedicando el suficiente tiempo para la oración.

III  LOS APÓSTOLES ERAN CREYENTES DE ACCIÓN.   

 4  Pedro,  con Juan,  fijando en él los ojos,  le dijo: Míranos. 5  Entonces él les estuvo atento,  esperando recibir de ellos algo. 6  Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro,  pero lo que tengo te doy;  en el nombre de Jesucristo de Nazaret,  levántate y anda. 7  Y tomándole por la mano derecha le levantó;  y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8  y saltando,  se puso en pie y anduvo;  y entró con ellos en el templo,  andando,  y saltando,  y alabando a Dios. Hechos 3:4-8;

Lo que Pedro tenía  dio,  era la plenitud que llega por medio de la fe en el nombre o autoridad  de Jesucristo. Pedro tomó al hombre de la mano derecha y le levantó. En esa acción de inmediato fueron afirmados sus pies y tobillos. Pedro y Juan tenían fe y poder y le dieron sanidad a este hombre. Fue la fe de los apóstoles que movió a Dios a obrar el Milagro.

 Imaginémonos El cuadro de este hombre que antes era llevado hasta allí, ahora no sólo estaba caminando sino también saltando alabando a Dios,  su alabanza a Dios es lo más sorprendente por el espectáculo indecoroso que esto debió haber sido en los patios del templo. Podemos imaginarnos la sorpresa y asombro de la gente que lo reconocían.

IV  EL RESULTADO DEL MILAGRO.  

 9  Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10  Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo,  la Hermosa;  y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. Hechos 3:9-10;

 ¿Qué aprendieron las personas en ese día que vieron y se enteraron de este Milagro?  Efectivamente que Dios  es un Dios de milagros, Que la Fe de estos apóstoles en el Señor Jesucristo era poderosa.   La Biblia dice: que Jesucristo es el mismo de ayer, hoy y siempre, el mensaje es el mismo, el Señor es el Mismo, el poder del evangelio es  el mismo.

EL MILAGRO OCURRIÓ A CONSECUENCIA DE:

 I     LOS APÓSTOLES  ERAN CREYENTES DE   CONVICCIÓN.

II   LOS APÓSTOLES ERAN CREYENTES  DE ORACIÓN

III  LOS APÓSTOLES ERAN CREYENTES DE ACCIÓN.  

 La Iglesia del Siglo XXI  debe tener convicción en las verdades eternas…

La Iglesia del Siglo XXI debe ser una iglesia de oración.

La Iglesia del siglo XXI debe  ser una iglesia de acción y en el nombre de  Jesucristo servir a los demás.

 CONCLUSIÓN. Una pregunta  ¿Qué tienes para dar?  ¿Cómo iglesia que tenemos para dar? ¿Están pasando cosas en nuestra iglesia porque nosotros estamos llenos de Dios,  estamos dando esperanza, mensaje de salvación, Amor?…  si en la iglesia no vemos almas añadiéndose a la congregación que es el resultados de lo anterior, entonces algo no está bien, porque el evangelio es de poder. Será que estamos vacios, no estamos convencidos de las verdades de Dios, nuestra oración es escasa y como resultado entonces no accionamos la fe para ayudar a otros a encontrar la salvación en Jesús.

Cómo están nuestras reuniones de estudios Bíblicos, Nuestras reuniones de oración,  ¿Estamos involucrado en la obra del Señor?   Tiene usted fe para enfrentar en el nombre del Señor las diferentes circunstancias que se le presente, para emprender grandes obras para el Señor.

Tiene suficiente amor para ser fiel a Dios y  a la iglesia en  donde el Señor le ha puesto, tiene amor a Dios para serle fiel  en sus ofrendas y diezmos, para servirle en el ministerio que El le ha dado.

 Hay una manera para poder estar llenos de Dios,  es aceptar la invitación  Jesús: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzo la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.  El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.  Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él…” Juan 7:37-38;  y  El Mandamiento de ser lleno del espíritu Santo. Efesios 5:18;   “No os embriagues con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,