/Combatiendo la amargura


Combatiendo la amargura

amargura(Heb. 12:15) “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.
(Deut. 29:18) “… no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo”
(Ef. 4:31) “Quítese de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia”.

La Biblia nos habla de gente que permitieron a la amargura crecer en sus corazones:
Saúl tuvo celos amargos contra David….
Noemí y su amargura, sin esposo, sin hijos. (Rut 1:13)
Judas Iscariote, amargado por su afán nacionalista y su codicia financiera, traicionó al maestro.

QUE HACER CON LA AMARGURA.
José, (Gén. 37) el que llegó a ser señor de Egipto, fue mal querido, maltratado, vendido y humillado por sus hermanos. Nadie puede decir que de alguna manera la Amargura no haya querido entrar en su vida, pero él la combatió a través del Perdón.

David, vivió la traición de sus dos hijos Absalón y Adonías. (1º Rey.1:5) el abuso sexual de sus mujeres y muchas cosas más. Con todo es a David a quien se le conoce como el dulce cantor de Israel.
Marcos el escritor del segundo evangelio, fue rechazado por Pablo, aquello podía dar lugar a la amargura y terminar con su Ministerio, pero ayudado por Bernabé se sobrepone. Pablo mismo, sufrió tanto que todos esos sufrimientos eran para crear en él amarguras profundas, no obstante, se nos dice que terminó su carrera y ministerio con gozo.

Dios nos exhorta y nos dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” Hebreos 12:15;

INTRODUCCION.
Ninguna persona puede ser un mensajero de paz llevando amargura en su corazón, porque la amargura es veneno para el alma. Un mensajero de paz, debe establecer la paz en su hogar, en su trabajo, en la iglesia, en cualquier lado donde se encuentre.

La amargura, puede transformar completamente el carácter de una persona; habrá en él: Dureza, severidad, rencor y odio, y por lo tanto, no será posible que su rostro, su corazón, su alma, todo su ser, reflejen la paz de Jesucristo. En vez de ser un mensajero de paz, será un mensajero de la amargura. El veneno de la amargura se manifiesta al hablar ya que el tema de conversación será las ofensas y las heridas sufridas. La amargura produce en la persona los deseos de venganza en contra de aquellos considerados como los causantes y responsables de la herida. La raíz de amargura se detecta, primeramente a través de lo que la persona dice y luego, en sus actitudes y acciones.

1. ¿CÓMO SE ORIGINA LA AMARGURA?
Según el diccionario, la palabra amargura significa: Aflicción, sinsabor, disgusto, pesadumbre, melancolía. Y se origina de la siguiente manera:
 Se recibe una ofensa y no se perdona.
 Al no perdonar, la ofensa se traduce en Ira.
 Posteriormente, la Ira se traduce en resentimiento.
 Y el resentimiento da lugar a la amargura.
 Sí la amargura no la eliminamos, le dará paso a la depresión.

La amargura tiene muchas procedencias y múltiples efectos.
Hay hermanos en quienes la amargura se ha establecido porque han perdido seres queridos, o sus bienes, otros por haber sido víctimas de las maledicencias o sea chismes, hay también hermanos que han sucumbido ante la amargura, por ser engañados, otros porque han sido quitados de un privilegio en la Iglesia.

También: Por economías decadentes, abusos físicos en los hogares. Color de raza, estatura, discriminación etc.

La amargura es algo que todos en cierto grado hemos experimentado, pero en la gracia y auxilio de Dios podemos impedir que eche raíces en nuestro corazón.
Biblia, la palabra de Dios, nos invita a perdonar cuando hemos recibido una ofensa. En una ocasión, el apóstol Pedro, le preguntó a Jesús: ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta 70 veces siete (Mateo 18: 21-22) Pablo escribe: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, calumnias y toda malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:31-32)

De acuerdo con el mandato del apóstol, el vivir la vida cristiana no consiste en observar una lista de prohibiciones, sino en cultivar virtudes positivas, desechando las negativas.

RECUERDE; Sí hemos recibido el perdón, también debemos darlo a los que nos ofenden. La amargura deja en las personas una secuela de relaciones destruidas.

A la persona amargada le preocupa muy poco interrumpir la amistad con una persona; así mismo, con frecuencia manifiesta dureza y severidad. El precio de la amargura es muy alto, no hay quien sobreviva a su veneno. Al estar encerrada en sí misma, la persona amargada es invadida por la soledad.

2. LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA.
La Biblia enseña que las relaciones interrumpidas provocan obscuridad a la vida. El apóstol Juan escribió: Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos (1 Juan 2:11). El rechazo puede entregarnos en manos del odio. Cuando hay odio, las tinieblas llegan y el rumbo se pierde. Se pierde la perspectiva de la vida y todas las relaciones son distorsionadas. El juicio se vuelve defectuoso. La ruptura de relaciones lleva a la persona a ser insensible. La dureza empieza a invadir el alma. La persona se vuelve inconsciente de las heridas que pueda estar causando a los demás, a través de palabras, acciones y actitudes. La persona encerrada en sí misma, la influyen sentimientos egocéntricos y no considera los sentimientos y necesidades de otros. Este endurecimiento del alma lleva a la persona a perder la capacidad de sentir y el alma que no siente está muerta.

Esta raíz de amargura no solo contamina a la persona que la lleva, sino a todos aquellos que lo rodean. Esta advertencia quedó clara de parte del autor de la epístola a los Hebreos: Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella, muchos sean contaminados (Hebreos 12:15).

3. UN PASAJE BIBLICO PARA CONSIDERAR. (Mateo 18:23-35)
En este pasaje hay algunas palabras clave: Le perdonó la deuda y lo puso en libertad. La palabra perdón en el griego, tiene un significado literal de dejar ir, remitir, cancelar. La palabra libertad, en griego también significa: Soltar, descargar a alguien de algo. Y estas palabras nos llevan a los pasos que tenemos que dar para despojarnos de las heridas, el resentimiento y la amargura: Perdona las ofensas recibidas. (Padre nuestro). El perdón libera al ofensor de todo lo que debe. El amor cristiano manifestado, libera a la persona ofendida del peso del dolor. El verdadero cristiano (hijo de Dios), sabe que perdonar es la voluntad de Dios y sabe que sí lo pide, Dios lo llenará de Su amor para que pueda compartirlo con el ofensor. Cuando no perdonamos, liberamos la acción del tormento y comenzamos a ser atormentados. El tormento es la amargura por no perdonar, el resentimiento que nos azota, la falta de sueño, el odio, el desajuste físico, y sobre todo, la falta de comunión con Dios.

Mientras nos mantengamos sujetos a las heridas que otros nos causaron, permaneceremos sujetos al pasado. No tenemos la libertad para vivir en el presente. La amargura del pasado, influye en las relaciones del presente. Al retener el pecado de la otra persona, nos hacemos semejantes a ella. Y no estamos listos para continuar en el desarrollo de la vida cristiana. Estamos frenando a Dios, el tampoco nos podrá conceder el perdón que necesitamos para sentir y experimentar la verdadera libertad. Recuerda: ¡Libera y perdona a quién te ha ofendido, y Dios te liberará de la herida! Sí no lo haces, estarás preso en tu pecado. Cuándo recibas una ofensa, ¡Decide perdonar y serás libre!

ORACION. Gracias Señor porque tú perdona mis faltas, mis errores y mis ofensas, ahora deseo perdonar a los que me han ofendido. Tú conoces las heridas que he estado cargando en mi corazón y como la amargura se ha apoderado de mí: quiero y no puedo perdonar, necesito perdonar para recibir tu perdón. En el nombre de Jesús te lo ruego. AMEN.

Material Adaptado. Por Pastor Jhonny Quinde Ávila.

El autor Lcdo. Jhonny H. Quinde Ávila  es  el actual pastor de la Primera Iglesia Bautista de la ciudad de Milagro – Guayas Ecuador.  www.facebook.com/primera.bautistademilagro

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