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Instrucciones para el buen vivir: Décimo Mandamiento “No codiciarás…”

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DISFRUTAR DE LO QUE DIOS ME HA DADO.

Décimo Mandamiento “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.” (Éxodo 20:17)

Bienvenidos, esta es la última predicación de esta serie, personalmente prepararlos ha sido de gran bendición para mi vida, gracias a los hermanos que me han hecho llegar su apreciación sobre estos temas, espero pronto ponerlos en la redes sociales, para que usted los puede leer nuevamente y recordar estas enseñanzas.

El último de los diez mandamientos apunta directamente al corazón y a la mente de cada ser humano. La codicia es un deseo exagerado, ilícito e impropio. Codiciar es ambicionar algo que no es nuestro. Este pecado está en el corazón del ser humano. Lea Marcos 7:21 -23;

El significado de la palabra codiciar: avaro, avaricia y codicia como términos sinónimos. Codiciar es querer tener para ti las bendiciones que Dios le dio a otra persona.

Hay varias cosas que Dios especifica que no debemos codiciar, aquí hay cinco según Éxodo 20:17:

a. La casa de otra persona: Esta es fácil de entender. Dios quiere que estemos feliz donde estamos. ¿Si tuvieras que escoger entre una mansión siendo infeliz y una casa humilde teniendo paz cual escogerías y porque?

b. La mujer del prójimo: Dios quiere decir con esto que este feliz con Tu propia familia.

c. El siervo o criada: Estos son las personas que trabajan para ti. No robes trabajadores a otras compañías o trates mal a los que trabajan contigo porque no son como otros.

d. El buey: El buey se usaba en Israel para arar la tierra. Cuando Dios nos dice que no debemos codiciar el buey de otra persona quiere decir que no codicies el trabajo de otro.

e. El asno: el asno era el modo de transportación. Dios no quiere que tú estés codiciando el mejor carro que tu vecino tiene.

El deseo de tener y poseer las cosas de este mundo llega a convertirse en la codicia o la avaricia cuando nuestras mentes y pensamientos comienzan a ser controlados por sueños despiertos y deseos mundanos. La codicia consiste en el acto de fijar nuestras mentes y corazones en las cosas materiales o en los beneficios temporales y comodidades que nos ofrecen.

LOS EFECTOS INEVITABLES Y LOS PELIGROS DE LA CODICIA:

1.    Los resultados en la vida del creyente son un conflicto entre lo material y lo espiritual. La codicia siempre tiende a disminuir y a debilitar la vida espiritual del creyente.

2.    Siempre hay un peligro espiritual en cuanto a las cosas terrenales y especialmente en los tesoros terrenales. Las cosas que codiciamos siempre tienen un poder sobre nuestros corazones. Con razón dijo Cristo: “Donde estuviere vuestro tesoro, ahí estará vuestro corazón.” (Mat.6:21) Entonces el amor al dinero se convierte en la raíz de toda maldad en ellos.

LA PERSPECTIVA NEO-TESTAMENTARIA DE LA CODICIA:

El Nuevo Testamento considera este pecado como tan grave que las personas que son culpables de él no pueden permanecer como miembros de una iglesia. “Mas ahora os he escrito, que no os envolváis, es á saber, que si alguno llamándose hermano fuere fornicario, ó avaro, ó idólatra, ó maldiciente, ó borracho, ó ladrón, con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). Ya hemos visto que la avaricia (codicia) es la idolatría y aquí el apóstol dice que ni siquiera debemos comer con quienes se identifican como creyentes pero que viven bajo este pecado.

“Ni los ladrones, ni los avaros (codiciosos), ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:10) “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, ó inmundo, ó avaro (codicioso), que es servidor de ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” (Efesios 5:5) Estos dos textos declaran que la persona que vive abiertamente en la codicia y en la avaricia, no es un hijo de Dios.

Aún peor, hoy en día tenemos el fenómeno de muchas iglesias que predican el evangelio de la prosperidad. En estas “iglesias” se enseña que la prosperidad económica y las posesiones materiales son señales de la bendición de Dios y que son cosas garantizadas por el evangelio. El apóstol Pedro nos advierte respecto a los maestros falsos que “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.” (2 Pe.2:2) 1 Tim.6:6 nos advierte respecto a ciertos hombres “corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia”, diciéndonos que nos apartemos de ellos.

¿En qué medida podemos buscar la prosperidad en este mundo? La respuesta a esta pregunta está en 3 Juan 2 que dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad”.

¿Cómo podemos evitar la codicia? Por medio de la fe. Frecuentemente la raíz de la codicia es la desconfianza en la providencia de Dios. La fe nos conduce a buscar todo en Dios. Cuando reconocemos que todo lo que somos y tenemos viene de Dios y que todo lo que pudiéramos desear se encuentra en El, entonces la codicia ya no será una tentación para nosotros.

La fe nos conduce a estimar y valorar las cosas espirituales y eternas. Frecuentemente, la causa de la codicia es la ingratitud, es decir el hecho de que no estamos agradecidos por lo que Dios nos ha dado. “Sean las costumbres vuestras sin avaricia (codicia); contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.” (Hebreos 13:5)

¿Qué consejo nos da Pablo en este día? “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:11-13 Aquí el apóstol Pablo nos enseña que la felicidad y el contentamiento del creyente no dependen de su situación económica, ni de sus buenas circunstancias (el apóstol escribió estas palabras desde la prisión en Roma).

No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni s siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo No debáis a nadie nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley. Porque los mandamientos —no cometerás adulterio, no cometerás homicidio, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento— se resumen en esta sentencia: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley. ROMANOS 13:8-10;

Sin embargo, grande ganancia es la piedad con contentamiento. Porque nada trajimos a este mundo, y es evidente que nada podremos sacar. Así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con esto. 1 TIMOTEO 6:6-8;

Sean vuestras costumbres sin amor al dinero, contentas con lo que tenéis Ahora; porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé. HEBREOS 13:5; Amén

El Lcdo. Jhonny H. Quinde Ávila es el actual pastor de la Primera Iglesia Bautista de la ciudad de Milagro – Guayas Ecuador. www.facebook.com/primera.bautistademilagro