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Lección 5: La doctrina de la salvación

Adaptado de “Doctrinas Básicas de la Biblia” de Lucien E. Coleman

Una de las preguntas más importantes de la Biblia está registrada en Hechos 16:30, ¿Sabe cuál es? (Si no, mire en su Biblia). Por importante que sea esa pregunta, necesitamos conside­rar aún otra más. El tema de esta lección será esa pregunta: ¿qué significa ser salvo?

Tendrá que aceptar que hay mucha confusión sobre este asunto. Huchas respuestas falsas andan flotando en el aire. ¿Alguna vez ha preguntado a alguien si es salvo y le ha oído decir: “Bueno, estoy procurándolo” o “Estoy haciendo todo lo que puedo”? Otras veces la respuesta es:”Bueno, mis padres siempre me llevaron a la iglesia”.

ESTABLECIENDO UNA META. Estudie esta lección como la persona que está vitalmente interesada en la salvación de las almas perdidas. Hágalo de modo de estar capacitado para explicar estos términos: con­versión, arrepentimiento, redención, nuevo nacimiento, jus­tificación, reconciliación y santificación.

¿Qué significa ser salvo? Una manera de hallar una res­puesta a esta pregunta es explorar algunas de las palabras que la gente usa para describir la salvación. Eso es lo que trata­remos de hacer al pensar en la doctrina de la salvación.

SALVACIÓN COMO ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN. A menudo usamos la palabra “conversión” para describir la experiencia de la salvación. Por ejemplo, podemos decir: “Se convirtió en la última serie de predicación”. Esta palabra se usa raramente en el Nuevo Testamento, pero se refiere a un aspecto muy impor­tante de la experiencia de la salvación.

En Hechos 3:19, Pedro usó la palabra “convertíos” para decir a la gente de Jerusalén lo que tenían que hacer para cambiar su relación con Dios. “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.” Notemos que la palabra “arrepentíos” y “convertíos” son usadas juntas. En verdad, significan la misma cosa. La palabra neo testamentaria “arrepentimiento” significa “cambiar” o “cambiar de dirección”. La palabra “convertirse” significa “dar vuelta”.

La salvación es un cambio de dirección en la vida de una persona, su forma de pensar, su conducta. Cuando uno es salvo, la vida es cambiada tan radicalmente como si un río cambiara de curso repentinamente. La conversión es volverse de servirse a uno mismo para servir a Dios y a los demás, de confiar en uno mismo a tener fe en Dios, del pecado a la justicia.


La conversión (arrepentimiento) no es un drama de un solo acto. Tiene un comienzo definido, al que nos referimos como experiencia de salvación. Pero no se detiene allí. El arre­pentimiento y la conversión son una parte diaria de la vida cristiana.

LA SALVACIÓN COMO REDENCIÓN. La palabra bíblica “re­dención” significa “ser hecho libre” o “ser liberado”. En el Antiguo Testamento, el término era usado en relación a la liberación de Israel de Egipto (Ex. 6:5; Dt. 7:8). Cuando los hijos de Israel fueron liberados de los egipcios, fueron re­dimidos de la tierra de Egipto. El Nuevo Testamento habla de ser liberado (redimido) del poder de las tinieblas en re­lación con el perdón de los pecados (Col. 1:13). También ha­bla de la redención de la ley (Gá. 4:5) y de la redención de la iniquidad (Tito 2:14).

La redención significa encontrar la verdadera libertad. Una persona no es libre sólo de_ algo, sino que también es li­bre para algo. Pablo escribió: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gá. 5:1). Esto pu­diera parecer una repetición, pero Pablo está diciendo: “Los cristianos han sido hechos hombres libres a fin de que puedan vivir como hombres libres”. En otras palabras, las personas cue han sido redimidas (hechas libres) tienen un deber divino de usar su libertad para la gloria de Dios (l P. 2:16).

La redención tiene su precio. En los tiempos antiguos, un esclavo podía recibir su libertad, pero sólo después que alguien hubiera pagado el precio a su propietario. La Biblia indica claramente que el costo de nuestra redención es la sangre de Cristo (Hebreos 9:12; Ef. 1:7; 1 Pedro 1:18,19; Ap. 5:9).

LA SALVACIÓN COMO NUEVO NACIMIENTO. Quizá una de las formas más familiares de hablar de la salvación es describirla como “nacer de nuevo. La Biblia usa esta figura en más de una ocasión (jn. 3:3,7; 1 P. 1:23). El Nuevo Testamento también tiene varias referencias similares a la salvación como recepción de una vida nueva. Por ejemplo, en 2 Co.5:l7, se dice que uno es hecho, una “nueva criatura” en Cristo. También se hace referencia a la salvación como “regeneración” (Tito 3:5); corno renovación en el Espíritu (Tito 3:5); como renovación en el hombre interior (2 Co. 4:16; Col. 3:11) y co­mo ser llevado a caminar en una vida nueva (Ro. 6:4).

Todos estos pasajes se refieren a la salvación como una experiencia en la cual una persona recibe una “vida nueva” la cual se presenta en agudo contraste con la vida vieja. La Biblia llama a esta nueva vida: “vida eterna“. La “vida eter­na” es más que una vida que dura para siempre. Es una nueva clase de vida, una vida “abundante” (Jn. 10:10). Una de las mejores explicaciones de la naturaleza de la vida eterna se encuentra en Juan 17:3: “Esta es la vida eterna: que te conoz­can a tí, el único Dios verdadero.” En otras palabras, ser na­cido de nuevo, o recibir la vida eterna, es ser llevado a una comunión viviente con Dios, la fuente de la vida eterna.

LA SALVACIÓN COMO PERDÓN Y JUSTIFICACIÓN. Probablemente usted ha oído a gente que habla de su experiencia de salva­ción describiéndola por su sentido de perdón. Quizá han sentido como si una pesada carga se les ha caído de sus hom­bros. Esta es una experiencia común cuando las personas llegan a ser salvas. Una de las cosas terribles del pecado es la car­ga de culpa que trae sobre las personas. Muchos de nosotros, en un tiempo u otro, hemos sentido como David cuando oraba pidiendo perdón en el Salmo 51:2-4; “Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis re­beliones, y mi pecado está siempre delante de mí.

La palabra que se usa en el Nuevo Testamento para per­dón significa literalmente “echar fuera”. Eso es lo que Dios hace cuando perdona nuestros pecados. Los echa fuera. “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103:12).

El perdón no es algo que ocurre de una vez para siempre, cuando uno confía en Cristo como Señor y Salvador. Por el con­trario, el cristiano tiene una necesidad constante de perdón. Recuerde que Juan estaba escribiendo a

Cristianos cuando dijo: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañarnos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nues­tros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros peca­dos y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:8,9).

El perdón no es una calle de un solo sentido. Cuando Dios perdona nuestros pecados, estamos bajo la divina obligación de perdonar a otros. En el Padrenuestro, Jesús enseñó a sus seguidores a decir: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt. 6:12). Jesús detalló este requisito en términos que no admiten dis­cusión: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14,15). Véase también Efesios 4:32;

Tratamos aquí de la justificación, junto con el perdón, porque es similar en sus resultados. “Justificación” es un término legal en los escritos de Pablo… Juzgado estrictamente por la ley, el hombre es culpable delante de Dios (véase Ro. 3:10; Stg. 2:10-13). Pero cuando uno es llevado a la relación correcta con Dios por medio de Cristo, esa persona es “considerada justa”. Su prontuario criminal es borrado. En otras palabras, recibe una nueva posición delante de Dios, tal como un hombre convicto de un crimen recibe una nueva posición delante de la sociedad cuando es perdonado.

En el oficio de impresor, la palabra “justificado” es usa da en un sentido distinto. El margen izquierdo de la página está “justificado” o puesto de acuerdo en una línea recta. El margen derecho puede no estarlo. Esto también ilustra el sig­nificado de la palabra bíblica “justificación”. Cuando una persona es “justificada”, es puesta en línea ante los ojos de Dios.

LA SALVACIÓN COMO RECONCILIACIÓN. La idea de reconcilia­ción yace en el corazón de la doctrina bíblica de la salvación. Reconciliación significa “traer juntos”. Si un esposo y su esposa se han separado y luego vuelven a estar juntos, se han “reconciliado”. Cuando el hijo pródigo dejó su casa, se separó de su padre y su familia, pero más tarde, al volver al hogar, se “reconcilió” con su padre.

Una de las peores cosas acerca del pecado es que se in­terpone entre el pecador y Dios. Separa de Dios. Lea de nuevo la historia de la rebelión de Adán en Génesis 3:1-10. Note como el pecado de Adán se interpuso entre él y Dios y rompió su comunión con Dios. Adán el pecador, concretamente se es­condió de Dios. La gente aún seguía actuando de esa manera en los días de Isaías porque el profeta clamaba: “Vuestras ini­quidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios” (Isaías 59:2).

Cuando uno ha sido salvado, todo esto cambia. En lugar de esconderse de Dios, la persona salvada es reconciliada con Dios. Como el hijo pródigo, el pecador vuelve al hogar y él y su Padre son vueltos a reunir. (De paso, note que el pecador es reconciliado con Dios. No es necesario que Dios sea recon­ciliado con la persona alejada, porque su amor ha permanecido constante. La separación vino como consecuencia de la elección del pecador.)

Uno de los grandes pasajes bíblicos sobre la reconcilia­ción es 2 Corintios 5:18-20. Enseña varias cosas sobre la re­conciliación. En primer lugar aprendemos que Dios es el que obra la reconciliación. El toma la iniciativa. El hombre no viene a Dios antes que Dios venga al hombre. Por su gracia,

Dios llena el abismo entre él mismo y el pecador. Es una acción de su parte. En segundo lugar, esta obra divina de reconciliación es hecha por medio de Jesucristo. En tercer lugar, una vez que el pecador ha sido reconciliado con Dios, entonces se une con Dios en un ministerio de reconciliación. Llega a ser un embajador de Dios que va al encuentro de otros y les dice: “Reconciliaos con Dios •”

Una persona salvada es reconciliada con Dios, pero su experiencia de salvación también le hace ser reconciliado con otras personas. Efesios 2:16 enseña, por ejemplo, que los ju­díos y gentiles han sido unidos en Cristo, a pesar de sus di­ferencias. Eso también se aplica a gente de distintas razas, nacionalidades, conceptos políticos o religiosos.

LA SALVACIÓN COMO SANTIFICACIÓN. Los bautistas no hablan mucho sobre la santificación como tal. Pero la santificación es ciertamente una parte importante de la doctrina bíblica de la salvación.

La santificación no significa “perfección sin pecado” como al­gunas personas creen. Al parecer esa idea se combate en 1 Juan 1:8-10. Más bien, significa que una persona salvada debiera vivir una vida santa. No obstante, es importante que entendamos el significado de la palabra “Santo” cuando la usamos en este sentido, porque “santo” y “santificado” en realidad tienen el mismo significado. Literalmente significan “separados” o “pues­tos aparte41 para un propósito especial. En los tiempos del An­tiguo Testamento, algunas vasijas de oro eran santificadas (apartadas) para su servicio en el templo. Estas vasijas santificadas no podían ser usadas para otro fin.

Quizá ha oído del granjero cristiano que separó una parcela de tierra, consagrando a Dios toda la ganancia que esa tierra produjera. Se podría decir que esa parcela había sido santificada.

En la experiencia de la salvación, una persona es apar­tada (santificada) para el servicio de Dios (1 Co. 6:11). La vida santificada debe ser una vida limpia, porque un vaso sucio no es apto para el servicio de Dios (2 Co. 7:1; Ro. 6:19, 22; 1 Ts. 4:3-7). Este proceso de santificación no o- curre de una vez para siempre. Continúa a lo largo de la vida de un cristiano. El cristiano no es dejado solo para que lo haga todo por sí mismo, porque la santificación (la limpieza de la vida para el servicio) es la obra de Dios. ( 1 Ts. 5:23; Ef. 5:26).

LA SALVACIÓN COMO ALGO PASADO, PRESENTE Y FUTURO. ¿Alguna vez alguien le ha preguntado?: “¿Cree usted que el que ha sido salvado una vez lo es ya para siempre?” A tal pregunta, puede responderse con otra:”¿Qué quiere usted decir con ser salvado?” Hay personas que tienen una idea muy limi­tada de lo que significa la salvación. Por ejemplo, pueden tratar de limitarla a algo que ocurrió una vez en el pasado. Pero de acuerdo con la Biblia, la salvación no es solamente u- na profesión de fe, una experiencia vaga, o un momento de arre­pentimiento. La salvación es una cosa del pasado, del presen­te y del futuro.

En un solo pasaje (Ho. 5:1,2), el apóstol Pablo se re­fiere a la salvación como a un hecho del pasado, una experien­cia del presente y una esperanza del futuro. “Justificados, pues por la fe”, habla de algo que ha ocurrido. “Esta gracia en la cual estamos firmes” se refiere a la condición presente. “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”, se refie­re a una esperanza del futuro. Romanos 5:10 también nos presenta la misma verdad: “Fui­mos reconciliados con Dios” (pasado/; “estamos reconciliados” (presente)¡ y “seremos salvos por su vida” (futuro).-

Un cristiano puede mirar hacia atrás al momento cuando por primera vez experimentó el perdón de sus pecados y reci­bió a Cristo como Salvador y Señor. Pero esa no era la suma total de su salvación, de acuerdo con las Escrituras. Eso es el comienzo.

El Nuevo Testamento contiene muchas referencias al as­pecto presente de la salvación. “Ocupaos en vuestra salvación”, escribió Pablo, “porque Dios es el que en vosotros produce…” (Fil. 2:12,13). Esta cita bíblica no enseña la salvación por las obras, como si todo dependiera del hombre. Enseña más bien que Dios es el único que da poder a una persona para “ocuparse de su salvación”. Sin embargo, el pasaje sí enseña que la sal­vación es un proceso diario, tanto como un hecho del pasado (Fil. 1:6).

Aun cuando el cristiano ha experimentado la gracia de Dios y continúa experimentándola diariamente, mira hacia adelante esperando algo mejor, el cumplimiento de su salvación en algún momento del futuro. “Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Ro. 13:11). Los escritos de Pablo están llenos de referencias a la esperanza futura. “Te­niendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchí­simo mejor” (Fil. 1:23). “Porque en parte conocemos y en par­te profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará… Ahora vemos por espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (l Co. 3:9, 10,12; véase también 1 Co. 15:51 y 2 Ti. 4:7,8).