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Lección 10: Revelación e Inspiración

Adaptado de “Doctrinas Básicas de la Biblia” de Lucien E. Coleman

Siendo que Dios es santo, lo que signi­fica que es completamente distinto a todos los demás seres, el hombre no puede escudriñar la verdad acerca de Dios. El hombre puede conocer sólo lo que Dios determina revelar de sí mismo. Pero, ¿cómo puede Dios hacerse conocer por el hombre? El problema es similar al de un hombre que tratara de entrar en comunicación con una hormiga. Esta lección trata de la historia de la revelación, la historia de los esfuerzos de Dios por revelarse a sí mismo a nosotros.

E1 SIGNIFICADO DE REVELACIÓN. “Revelación” significa literalmente “quitar el velo descubrir, dejar a la vista algo”. Hay una buena ilustración de esto en Isaías 47:3 (Note el pasa­je). La palabra “descubierta” es la palabra hebrea qalah, que se usa más de veinte veces en el AT. Esta palabra se traduce “revelada” en pasajes como los siguientes: 1 Samuel 3:7; Is.22:14 Daniel 2:47.

Por lo tanto, podemos explicar la revelación como el des­cubrimiento o despliegue que Dios hace de sí mismo. ¿Alguna vez ha estado en una ceremonia de dedicación de un monumento o de una obra de arte, ya sea escultura o pintura? El objeto, gene­ralmente está cubierto con una tela hasta que se acaban los discursos. Entonces llega el momento del descubrimiento. La tela es quitada, quedando revelada la pintura o estatua. Más o menos ocurre cuando las agencias de automóviles anuncian los nuevos modelos para el año próximo. Mantienen los nuevos vehículos fuera de la vista hasta el día de la exhibición; en­tonces los colocan en la sala de exhibiciones para que todo el mundo los vea. Ambas ilustraciones iluminan el significado de la palabra “revelación”.

Ocurre lo mismo en el NT cuando se usa esa palabra. La palabra griega que se traduce por “revelación” o “revelado” en el NT es apokalypto (Mt.16:17; Gá. 1:12; 1 Co. 14:6; Ap. 1:1). La forma verbal significa “descubrir”. Otra palabra del NT que significa casi lo mismo es phaneroo. La forma verbal de esta palabra significa “mostrarse a sí mismo” (Esta palabra aparece en 1 Ti. 3:16; 1 Jn. l;2). La revelación es, pues, “Dios mostrándose a sí mismo” al hombre. Cómo Dios se ha revelado. En el NT, una de las declara­ciones clásicas sobre la revelación se encuentra en He. 1:1,2. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.” Jesucristo fue la suprema revelación de Dios. Pero hay otras “muchas maneras” por las cuales Dios se ha revelado.

1. LA “REVELACIÓN GENERAL”: la revelación que Dios hace de sí mismo en toda su obra creadora. De eso hablaba el salmista cuando decía: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus ma­nos” (Sal. 19:1). Pablo habló también de la revelación general cuando escribió en Romanos 1:21 “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.”

No tenemos que depender sobre lo que otros han escrito acerca de la revelación general. ¿Quién de nosotros no ha vis­to la mano de Dios revelada en el nacimiento de un niño, la belleza de un atardecer, la irrupción de una fuerte tormenta o las vastas extensiones de valles y montes verdes? Algunas personas nunca pierden totalmente su sentido de asombro cuan­do ven las pequeñas semillas arrojadas al viento convertirse en plantas año tras año. Todas estas experiencias nos dicen: “Dios debe estar detrás de todo esto.”

2. ESTUVIERON LOS PROFETAS. Dios llamó a esos hombres (y mujeres) de antaño y les dio la misión especial de hablar su palabra a sus compatriotas. Los profetas tenían la bendi­ción de una comprensión especial de Dios y su voluntad era que la compartieran con otros. “Oíd ahora mis palabras. Cuan­do haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en vi­sión, en sueños hablará con él” (Nm. 12:6). Una promesa simi­lar aparece en Jeremías 1:9; “Extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca” (véase también Is.6:8,9 y Amós 7:14,15).

La profecía no cesó con los profetas del AT. Los profetas también son mencionados en el NT (véase Le. 2:36-38 y Hch 11:27,28). Y el don de profecía es incluido en las listas de dones que el Espíritu ha dado a los miembros de la iglesia (véase 1 Co.l2:10 y Ef.4:11).

3. HECHOS ESPECIALES DE DIVERSO TIPO. Uno de los ejemplos mejor conocidos es la aparición de Dios a Moisés en la llama de una zarza ardiendo en el desierto (Ex.3:1-6). El éxodo de los hi­jos de Israel fue un hecho histórico importante en el cual el poder de Dios fue visible. Hubo muchos hechos menores, cosas que habían atraído la atención, pero ellas revelaban algo sobre Dios para los que “tenían ojos para ver”. Algo así es lo que Jeremías vio en la casa del alfarero (Jer. 18:1-10).

4. POR MEDIO DE JE­SUCRISTO cuando Dios vino a morar entre los hombres en la per­sona de su Hijo (He. 1:2; Jn. 1:4: 12:45).

Se cuenta la historia de un niño que descubrió un hor­miguero mientras él y su papá caminaban juntos. Los animalitos iban de un lado a otro, ocupados en sus tareas. El mucha­chito se interesó mucho en las hormigas. “¿Cómo puedo hablar con las hormigas?”, le preguntó a su padre. Después de pensarlo un momento, el sabio padre contestó: “Hijo, para hablar con las hormigas, debes transformarte en una de ellas. Esa es la única manera en que te entenderán.”

Este es un cuadro perfecto de lo que ocurrió cuando Cris­to vino a vivir entre los hombres. Dios “dio a su Hijo unigé­nito” porque era la única forma en que podíamos entenderlo. Je­sús lo sabía muy bien, por eso más de una vez le recordó a sus seguidores: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

5. FINALMENTE, ESTÁ LA BIBLIA, el único registro de la re­velación de Dios. Todo lo que sabemos sobre la enseñanza de los profetas y sobre los hechos conectados con Cristo, lo sabemos por medio de lo que está escrito en la Biblia. La Biblia nos cuenta cómo Dios se reveló a sí mismo a los profetas, por me­dio de la creación y por hechos especiales y luego por medio de Jesucristo. La Biblia es nuestro único vínculo con la histo­ria del pueblo de Dios durante los tiempos bíblicos primiti­vos y con los hechos por medio de los cuales Dios se reveló a sí mismo a la iglesia primitiva.

EL SIGNIFICADO DE LA INSPIRACIÓN. Hemos estudiado el sig­nificado de “revelación”. Veamos ahora la otra palabra del título de esta lección, “inspiración”. Pablo escribió: “Toda Escritura es inspirada por Dios” (2 Ti. 3:16). Pedro tenía la misma seguridad sobre la inspiración: “Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21) ¿Qué significa la palabra “inspiración”? El diccionario de la Real Academia define inspirar co­mo “iluminar Dios el intelecto de uno o excitar y mover su vo­luntad” e inspiración como “movimiento sobrenatural que Dios comunica a la criatura”. La definición que dio el doctor E. Y. Mullins, uno de los más grandes teólogos de los Bautistas del Sur es similar: “Inspiración es la guía y control divinos del mensajero al anunciar o escribir su mensaje.”

En el sentido bíblico, la inspiración terminó con la re­dacción de la Biblia. Sin embargo, el doctor Mullins continuó diciendo que la visión espiritual o iluminación “es otorgada por el Espíritu Santo a todos los hijos obedientes de Dios… Pero los elemen­tos separados por el pensamiento” -o sea la revelación, la ins­piración y la iluminación– “no siempre están separados de he­cho. La revelación generalmente va acompañada por la ilumina­ción. La inspiración también está por lo general acompañada de revelación e iluminación… Hubo una gran variedad en las cir­cunstancias de los autores bíblicos y gran diversidad en sus dones y capacidades o en las formas empleadas para presentar las verdades reveladas. En algunos casos, la inspiración lle­vó a la selección meramente de material histórico, como en los libros históricos del AT. En otros, se dieron los hechos y la inspiración condujo a su interpretación. En el caso de Lucas, como él nos lo hace saber, fue necesaria una cuidadosa investigación. La inspiración no le eximió de la tarea ordi­naria del historiador diligente”.

Otro de nuestros grandes teólogos bautistas del sur, el doctor W. Conner, escribió así sobre la revelación y la inspiración: “Las Escrituras son, pues, la obra de Dios… Dios es­taba en los grandes hechos de la historia y la experiencia a ‘ partir de los cuales surgieron los registros de la Escritura y también estaba en la producción de esos registros. En un sentido general, podemos pensar en la presencia y la actividad de Dios en la primera como revelación y en la segunda como inspiración… La relación entre las dos es tan estrecha y vital que no puede practicarse ninguna distinción absoluta… Las Escrituras, pues, son el producto de la revelación y la ins­piración y ellas llegan a ser la revelación de Dios para noso­tros”.

LA INSPIRACIÓN Y LA BIBLIA. La Biblia cuenta la historia del pueblo de Dios. Pero no es historia en el sentido en que generalmente estudiamos esa disciplina en las escuelas. O sea que los escritores de la Biblia no escribieron todo lo que ocurrió. Por el contrario, escribieron sólo aquellas cosas que ellos pensaban que revelaría los propósitos de Dios. El autor del cuarto evangelio lo dice así: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn.20:31).

En otras palabras, los autores de la Biblia no eran simples cronistas de la historia. Eran más bien intérpretes de la historia. Esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué garantía hay de que interpretaron correctamente la historia y no sacaron conclusiones erradas? La respuesta es que ellos estaban inspi­rados divinamente para interpretar la historia correctamente y sacar las conclusiones adecuadas. Dios los inspiró para ver la verdad en los hechos de la historia. Por eso Pablo pudo escribir: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para ins­truir en justicia” (2 T. 3:16).

LA ILUMINACIÓN Y LA BIBLIA. El doctor Mullins declaró que la inspiración “en la mayoría de los casos va acompaña­da por la revelación y la iluminación”. La iluminación es la obra del Espíritu de Dios, que abre los ojos de los hombres, sus mentes y corazones para hacer posible la reve­lación divina. Un buen ejemplo de esto es la confesión de Pedro: “Tú eres el Cristo”, en Cesarea de Filipo. ¿Recuer­da la respuesta de Jesús? “No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt. 16:17). Ciertamente, Dios es la fuente de la revelación, la ins­piración y la iluminación.

DOS FORMAS DE CONOCIMIENTO. Tenemos dos formas de conoci­miento de Dios. Primero, podemos tener conocimiento racional (mental). También podemos tener conocimiento personal. Pode­mos adquirir conocimiento racional alimentando nuestras mentes. El conocimiento personal viene sólo como resultado de un con­tacto entre personas. Esto significa que es posible conocer a Dios racionalmente sin conocerle por un contacto personal. Po­demos pensar cosas acerca de Dios, y aún conocer doctrinas correctas sobre Dios, sin conocerle en un sentido personal.

Necesitamos mantener el equilibrio de los dos tipos de conocimiento. Así como es un error tener un conocimiento ra­cional de Dios sin tener un conocimiento personal, también es un error pensar que el conocimiento de tipo personal es sufi­ciente por sí mismo. La religión cristiana es una fe inteli­gente e inteligible. Eso quiere decir que nos ha sido comu­nicada por medio de palabras o ideas. Negar la importancia del conocimiento racional de Dios es negar la importancia de la Biblia, porque la comprensión de las Escrituras es un pro­ceso racional.

Algunas personas afirman no necesitar la Biblia, porque pueden conseguir su fe’ religiosa directamente de Dios. Necesi­tamos estar seguros, sin embargo, de que nuestro conocimiento personal de Dios esté en armonía con el conocimiento perso­nal de Dios que otras personas han tenido, tal como está evidenciado en las Escrituras. La predicación y la enseñanza de la Biblia nos mantienen en contacto con los que han conocido a Dios por medio de la experiencia personal.

El doctor Coleman menciona cuatro formas en las que Dios se ha revelado: ((1) Por medio de su obra creadora (reve­lación general); (2) Por medio de los profetas; (3) Por medio de hechos especiales (4) Por medio de su Hijo. Finalmente por medio de la Biblia.